La sociedad del malestar

Las cosas se interpretan mejor con algo de perspectiva. Tras la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial, una Europa arrasada se enfrentaba a un futuro incierto en el que había muchas cosas por hacer. Reconstruir una sociedad empobrecida y evitar nuevas guerras era la prioridad en aquellas circunstancias, en las que varias generaciones, sin comerlo ni beberlo, tuvieron que sufrir la pobreza, incluso miseria, de aquella época. Algunos ciudadanos quedaron en el camino, desgraciadamente. Muchos otros prosperaron con mucho trabajo, obteniendo resultados, trabajo, vivienda, seguridad social, educación pública gratuita, sanidad universal, formando familias numerosas. Sí, las cosas estaban difíciles en aquellas épocas, pero había una idea básica: si con ilusión trabajabas duro, obtenías resultados. La construcción de la sociedad del bienestar ha supuesto alcanzar logros sociales que en un principio, las generaciones que comenzaron sus vidas en aquella época tan difícil, ni siquiera imaginaban. Fueron de menos a más.

Los hijos de estas generaciones hemos nacido con muchas cosas hechas. Hemos disfrutado de un excelente nivel de bienestar, educación razonablemente buena, sanidad pública gratuita, aunque ciertamente mejorable y… y… nos encontramos con una Europa envejecida que para mantener el nivel de bienestar, las prioridades están encabezadas por las generaciones que construyeron esta sociedad, es decir, nuestros padres y abuelos. Pero no hay para todos, y alguien se tiene que quedar fuera del reparto: las nuevas generaciones. Pensiones y sanidad para los ancianos requieren mucho más gasto, y creciente, La prioridad es el mantenimiento del bienestar para nuestros mayores, masa mayoritaria de votos, e ir modificando la conciencia de las nuevas generaciones ante la nueva realidad: se acabó que nadie te garantice un trabajo digno (incluso las administraciones públicas, cuya reforma es inminente, adiós al sueño de ser funcionario, como mínimo, habrá muchas menos plazas), se acabó el derecho a una vivienda digna, se acabó la calidad en la educación, y seguramente se acabará la sanidad pública tal y como la entendemos. Pero esto no se puede decir de golpe. El sistema político y mediático nos va colando flojamente estos cambios porque no quiere revoluciones, y sobre estos temas mejor no hablar, hablemos de la Copa de Europa o de la Constitución Europea, de la cual nos cuentan lo bonito pero no lo que va a permitir: la sociedad del malestar. Iremos de más a menos.

Para más información está bien informarse de qué es la directiva Bolkestein

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